Hace más o menos cien años, el británico Arthur Stanley Eddington notó que el tamaño del hombre es equidistante entre lo más pequeño y lo más grande. Se sitúa justo en la mitad entre los átomos y las estrellas. Eddington sabía de lo que hablaba; era uno de los astrofísicos más conocidos de su tiempo. Prácticamente el mismo número de átomos que componen un cuerpo humano, -un número enorme,10 seguido de 28 ceros-, es, con una ligera variación, el número de cuerpos que puestos juntos -habrá que imaginarlos apretujados en el peor de los transportes públicos-, formarían un objeto del tamaño de una estrella. No he dejado de pensar en este dato desde que lo leí por primera vez. Como evolucionista, me estrelló contra el piso: ¿hay acaso algo asombroso en nuestro tamaño? ¿tiene que ser el que es y no podría ser otro? Creo que sí, somos como somos por motivos de peso, literalmente…aunque en mi opinión lo que hace asombroso el hecho es que no hubo en ello planeación o diseño deliberado. Tomemos...
Este jueves 30 en el Café Filosófico EL ENIGMA DEL TIEMPO Es con gran alegría que les cuento que luego de muchos guiños, logré que uno de los más grandes ensayistas de estas tierras nos acompañara para hablarnos de uno de sus temas, El Tiempo (afortunadamente no el diario), en perspectiva filosófica. Tendremos con nosotros a Paul Brito . Paul describe su charla así: "¿Qué es el tiempo más allá de la medida de los relojes o la magnitud de cualquier otro parámetro simbólico? ¿Qué es el tiempo real, detrás de toda abstracción o síntesis? ¿Duración, devenir, entropía? ¿El tiempo real es continuo o también es discontinuo, o ambas cosas a la vez? Y si es ambas cosas, ¿cómo se articulan esas dos propiedades aparentemente contradictorias?"